La histeria colectiva se apodera de la gente. El virus porcino es un recordatorio de nuestra condición humana, simples mortales con fecha de expiración, el ciclo de vida que se puede acelerar mediante un agente biologico. Algo tan simple como saludar de mano a alguien puede ser de vida o muerte.
Todo esta histeria empezó desde hace varios días pero no me he entarado de ella hasta el día de hoy. Me he distanciado del mundo y me he enfocado en no salir de mi casa y meditar. Dicen que meditar es bueno, pero siento que en mi caso estoy empezando a sufrir una sobredosis de meditación.
Me he enfocado en no salir, no ver a nadie, no hablar con nadie. ¿Por qué? Quería saber si yo dejo de existir si existiría alguien que me extrañara. Lo cual siento que es un pensamiento muy adolescente pero... en el fondo no es que quisiera saber si mis amigos me extrañarían. Sé que lo harían.
La muerte se escucha en la radio y en la televisión y no puedo evitar el pensar en mis personas queridas. Que como estarán. Si es que estarán bien. Una mujer en particular, alguien a quien yo consideré mi mejor amiga ocupa mi pensamiento. No sé de ella, no sé cómo esta y no sé cuando llegará el día en que pueda volver a saber algo de ella o incluso hablarle. Ni siquiera alcanzo a comprender la razón del por qué me dejo de hablar. Pero así son las cosas.
Y mientras la muerte se asoma en la televisión yo no me preocupo por morir. Me preocupo por decirle a mis seres queridos lo especial que son para mí, todos y cada uno de ellos.
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